Hermafrodita,
Ihra, Eunuco, Kuntha y demás términos han sido utilizados para describir a las
personas intersexuales. En la actualidad pensaríamos que estos términos son
irrelevantes si no es por el hecho de que provienen de culturas tan viejas como
la Romana, la Griega, la Otomana y la Egipcia que datan de siglos de antigüedad.
En el Antiguo
Egipto las figuras de Isis y Osiris eran representadas con atributos físicos
tanto masculinos como femeninos, lo que podría reflejar una aceptación de la
ambigüedad sexual en esa cultura.
En la
antigua Grecia Hermafrodito, hijo de Hermes y Afrodita, era una figura
mitológica que representaba la unión de los sexos femenino y masculino.
Algunas
tribus indoamericanas veían a las personas intersexuales como chamanes o
poseedores de poderes especiales capaces de comunicarse con el mundo
espiritual.
En Sumeria,
en lo que fue Mesopotamia según el mito de la creación Sumeria, que data de
hace más de 4000 años, se hace referencia a 2 personas intersexuales, una de
ellas llamada Nihbru.
La
importancia de la historia en la memoria colectiva hace que el ser humano pueda
crear procesos y heredar creencias que nos hacen actuar en base a lo que
consideramos normal o “defectuoso”.
Por
desgracia, en la actualidad todo lo que no se rija a la cisheteronorma no puede
entrar en la categoría de “aceptable” o “correcto”.
“Lo que no
se nombra no existe” es una frase que se refiere a la idea de que el lenguaje
configura el pensamiento y la realidad. Esta frase de George Steiner cobra
verdadera relevancia cuando hablamos de las personas intersexuales. Y ese, el
lenguaje y como lo interpretamos es el verdadero problema que existe hoy con
referencia a la intersexualidad.
Querido
lector, por un momento le pediré que piense en alguna persona reconocida
actualmente que sea intersexual. Tómese 1 minuto para pensarlo.
Si le llegó
algún nombre a la memoria, lo felicito, usted se ha enterado de la existencia
de un “unicornio”.
Ahora le
pediré que piense en las personas cishetero como “caballos”.
Establos,
veterinarios y un montón de elaborados elementos a lo largo de los años se han
creado para que los caballos puedan establecerse en el mundo. Pero si por
alguna razón en alguna dimensión paralela los unicornios existieran en nuestros
barrios, ciudades o pueblos lo cierto es que en este momento no tendríamos las
herramientas, ni los estudios médicos, ni las leyes necesarias para que los
unicornios tuvieran una vida digna donde no se sintieran acomplejados por tener
cuernos o alas, las cuales los hace muy diferentes a sus primos los caballos.
No estoy
bromeando, las personas intersexuales (como la que escribe este articulo), o
como las millones que hay en el mundo, nos sentimos como unicornios viviendo en
una sociedad que no está diseñada para que podamos existir dignamente. Una
sociedad que nos trata como si de un mito se tratase.
Los mitos
carecen de realidad, cuando alguien piensa en un mito piensa en algo que solo
puede existir en su imaginación y cuando juntamos la palabra trans en la
conversación la idea comienza a parecer más y más compleja.
Si bien las
antiguas culturas veneraban lo que hoy en día podríamos considerar como
personas intersexuales y muchos hasta nos consideraban dioses, lo cierto es que
en el mundo de hoy en la mayoría de países y territorios no hay legislaciones
serias que protejan los derechos de las personas intersexuales y fuera de ser
adorados, hoy somos señalados, ridiculizados e invisibilizados por la sociedad
moderna.
Pero no
todo son malas noticias, en los últimos años organizaciones como la OII
(Organización Internacional de Intersexuales) han marcado un precedente para la
visibilidad y el activismo en pro de las personas intersexuales.
En el año
2013 se llevó a cabo en Malta el Tercer Foro Intersex Internacional donde se
promulgó La Declaración de Malta, una lista de demandas que buscan terminar con
la discriminación en contra de las personas intersexuales alrededor del mundo.
Aún así con los esfuerzos que se han logrado para el reconocimiento y respeto
por las vidas de las personas intersex todavía es escasa la información y las
herramientas legales que tienen las personas intersexuales para la defensa de
sus derechos.
Ahora bien,
si seguimos hablando de historia y mitología uno de los términos con los que
más se ha ligado a las personas intersexuales es a la figura de Hermafrodita.
Querido
lector, lamento desilusionarlo, pero las personas intersexuales en la vida real
no somos hermafroditas, somos intersexuales y el uso de este término solo se
debería implementar en un contexto histórico o fantástico, más no en un
contexto médico o judicial.
Pero entonces
¿Qué es ser intersexual?
Muchas
personas han confundido la intersexualidad con una identidad de género, lo cual
está muy alejado de lo que realmente significa ser intersexual.
Bien, la
intersexualidad en términos científicos es una configuración cromosómica que
hace a los individuos que la poseen tener características sexuales físicas
ambiguas. Estas características no son las mismas en todos los casos y se
pueden presentar en diferentes tipos de intersexualidad.
Por lo
general las personas que podemos denominar como de sexo masculino tienen
cromosomas XY y las de sexo femenino cromosomas XX. Las personas intersexuales
pueden llegar a presentar cromosomas XXY, XYX o XYY dando como resultado
personas con cuerpos diferentes a los que tradicionalmente conocemos como
cuerpos “masculinos” o “femeninos”.
Barba y
senos, pene y vulva, ovarios y tetillas, voz femenina pero contextura física
masculina. La lista es interminable.
Ser
intersexual rompe con todo lo que tenga que ver con lo binario, rompe con la
cisheteronorma.
Desde que
estamos en el colegio nos han enseñado que vivimos en un mundo de dualidades;
el Ying y el Yang, lo bueno y lo malo, el rico y el pobre, los creyentes y los
ateos, la bondad y el egoísmo, el inteligente y el bruto, lo femenino y lo
masculino. Y que lo que se encuentre en el medio no es real o no puede ser
considerado como aceptable, porque nuestra sociedad moderna está constituida
por múltiplos de dos y el tres es considerado como un engendro que es nocivo
para el sistema.
Nadie
quiere a un engendro en su casa y nadie quiere sentir que no pertenece. Por esta
razón las personas intersexuales no hemos podido tener cabida en el sistema y
jerarquía social actual.
Toda esta
desnormalización de las personas intersexuales llevó entre los años 60s y 80s a
realizarse en los hospitales de todo el mundo cirugías “normalizadoras” a bebés
intersexuales, lo cual eran mutilaciones infantiles realizadas por médicos. Se
trataba de “corregir” características físicas por mero gusto estético de los
padres y doctores, ya que en la mayoría de casos los bebés intersexuales nacían
sanos. Estos procedimientos causaron más tarde en esos niños problemas de
identidad porque la mayoría de bebés intersexuales no se sentían identificados
con el género que por medio de las “cirugías correctivas” les asignaron y
muchos en su adultez acudieron a procedimientos de afirmación de genero para
sentirse cómodos en los cuerpos que habían intervenido los médicos sin su
consentimiento.
Por más que
nos quieran hacer creer que ser intersexual es algo antinatural, la biología
ratifica que ser corporalmente diverso es una de las principales
características y adaptaciones que la vida crea para prosperar. Según varios
estudios científicos se ha comprobado que la intersexualidad es una muestra de
la variación genética que se presenta en las personas y que puede llegar a ser
más común de lo que se pensaba. Casi el 2% de la población mundial nace con un
arreglo cromosómico genético y anatómico que no corresponde a lo que
tradicionalmente se asume como un cuerpo “masculino” o femenino”.
Según esta
información, al igual que el género, el sexo se tiene que empezar a ver como un
espectro y no como una división binaria entre “macho” y “hembra”.
Varios
sistemas naturales, tanto animales como vegetales, no podrían existir sin una
metamorfosis o variabilidad sexual fuera del orden binario. La naturaleza es
abstracta y queramos o no los seres humanos hacemos parte de esa naturaleza no
binaria y obedecemos a ese “caos” tan rico que hay en las diferentes formas en
las que la biología se manifiesta.
Nuestros
ancestros así lo ratificaron en sus escritos hace siglos pero nosotros no
logramos entender lo que ellos ya aceptaban y consideraban como normal en sus
culturas milenarias.
Ahora hay
que preguntarnos ¿Por qué dejamos de ser humanos para convertirnos en simples
etiquetas que se clasifican según estándares impuestos?
¿Desde cuándo
dejamos de abrazar nuestra autenticidad para elegir parecernos a un ideal?
El
binarismo lo único que ha hecho es limitar la naturaleza del ser humano y las
personas intersexuales llegamos a este mundo para demostrar que se puede
existir fuera del orden binario.
Ser
intersexual en un mundo binario es la forma más sincera de ser un ser humano.
Es abrazar la diversidad corporal que existe desde nuestros cromosomas hasta
nuestros cabellos. Es la forma más subversiva de existir porque la existencia
misma de una persona intersexual cuestiona lo establecido, cuestiona nuestras
creencias sobre lo que significa ser un hombre o una mujer, cuestiona nuestra
realidad.
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